| Massive Attack en México |
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| Noticias - Música | |||
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Martes, 23 de Febrero de 2010 21:29
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Lunes de Ataque Masivo en la ciudad Casi seis años han pasado desde la última visita de Massive Attack a nuestra ciudad. Muchos cambios hubo en el camino: Daddy G se salió de la banda, 100th Window fue un álbum por demás irregular tirándole a pobre y repetido; atrás habían quedado el ingenio de producción y la calidad que los caracterizó en Blue Lines, las atmósferas oscuronas de Mezzanine se anteponían en su nuevo material como una fórmula por demás probada. Parecía el final de uno de los proyectos más afortunados de la música mundial. Pero fuimos advertidos. Primero fue Portishead con un álbum estupendo en 2008. Tricky se animó a seguir grabando, lo que llamaron trip-hop estaba de vuelta. Y a fines del año pasado, Robert Del Naja (3D) y compañía dieron una probadita de lo que sería su regreso, esperado por los aferrados, ignorado por quienes ya no teníamos esperanzas en un sonido anquilosado. Y de pronto, el milagro se hizo: Massive Attack no sólo estaba de vuelta en el camino de los grandes, sino que lo hizo de la forma más espectacular; Helligoland es una placa de lujo, con invitados de lujo, con una producción inteligente y elegante, sin fórmulas. Además del regreso de Daddy G, 3-D se arriesga por unas atmósferas ingeniosas y de alto calibre, oscuras como las mejores del Ataque Masivo, Hope Sandoval en un par de tracks, el vocalista de TV on The Radio en otros, Damon Albarn, Elbow y Portishead andan rondando por ahí también, el colectivo está de vuelta y no se anda con rodeos, sabe lo que hace.
Semejante respaldo es el que sustenta que el Auditorio Nacional haya agotado sus localidades para la noche del lunes 22 de febrero. Pasadas las 21:30 horas, el conjunto de Bristol hizo acto de aparición con un set cargado hacia su nueva producción, y a Mezzanine, su placa de 1998, dejando pasmado a todo el público, advenedizos e iniciados. El asunto con el recital de Massive Attack es en apariencia sencillo pero es algo que tomó años perfeccionar: la iluminación muy ad hoc con la música (una pantalla discreta de leds, que con gusto e ingenio hizo maravillas, dándole a rolas como “Girl I love You”, “Angel”, “Karmacoma” o “Teardrop”, una potencia mayor a la normal), el sonido estuvo casi al cien durante hora y media de concierto, los despliegues fueron más artísticos que histriónicos, y el público, como en un hipnotizante concierto de Hip Hop, sólo podía asentir al ritmo con la cabeza diciendo que sí. 16 cortes bastaron para dejar encantado al personal. Martina Topley-Bird y Horace Andy apoyaron bastante en esas piezas que requerían del invitado primigenio en estudio, con una presencia vocal y escénica inigualables. Crítica social que no se va a la fácil, guitarras roquer, bajos pesados, hipnóticos, secuencias deliciosas, dulzura, pesadez, funk, hip hop, baladas, soul. Todo bien incluido en una mezcla única, para una noche única. Hipnótico es la palabra, aunque también fue muy conmovedor y envolvente. Helligoland me hizo pensar que a veces las mejores producciones musicales en estos tiempos, son aquellas que no van con la tendencia, las que sabes que hay calidad pero no presionas para que lleguen, no esperas nada, tienen que cocinarse al punto: paciencia, ingenio y estilo. Lo que el concierto del lunes pasado dejó, fueron ganas de que muchos conciertos que se hacen en nuestro país tuvieran más este grado de eficiencia, gusto y calidad. Gran manera de empezar una semana, excelente sabor de boca y directo al anuario de los mejores conciertos que ha habido en la ciudad de México. O al menos de los más poderosos y memorables, eso sí.
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| Última actualización el Martes, 23 de Marzo de 2010 13:04 |





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